jueves, 24 de noviembre de 2011

Educomunicazione Scolastica


Quando stiamo parlando di Educomunicazione a Scuola non stiamo identificando la comunicazione con la semplice introduzione dei media nel contesto educativo, neanche non stiamo facendo una interpretazione di tipo  “omonimo”, ciò, dire che l’educazione e comunicazione sono la stessa cosa, che educare è sempre comunicare, che tutta educazione è un processo comunicativo o che tutto educatore è un comunicatore.

Dobbiamo riconoscere che la comunicazione e l’educazione nella loro ricchezza e complessità, assolutamente non sono riducibili:

La comunicazione: non è soltanto media né nuove tegnologie della comunicazione.

L’educazione: non è soltanto scuola, nemmeno ancora solo istruzione scolastica.

La Educomunicazione è un tentativo per assumere le pratiche sociali e le tradizioni teoriche dell’incontro tra educazione/comunicazione, come processi, vissuti da persone e comunità, nei loro contesti; dunque, nel loro profondo rapporto con la cultura e con l’ethos di cittadini/e nell’esercizio democratico della loro cittadinanza.

Per riflettere personalmente:

1- Prendi un attimo di tempo per scrivere qualche riga nelle tue parole
-       Cosa è educare? Cosa è comunicare?
-       Quale metafora userei per raccontare il senso dell’comunicazione nella educazione oggi?

2- Le tradizioni teoriche più rilevanti nel tentativo di spiegare l’educazione ai media e nella comunicazione nell’ambito scolastico. Come puoi descrivere in due righe ogni proposta?

-       Information Literacy
-       Media Literacy
-       Media Education
-       Medienpädagogik
-       Educomunicazione

3- Guardare su youtube: Transforming Learning (Digital Natives). Si trova in inglese. Con quale frase Thomas Suarez finisce la sua presentazione?

http://www.youtube.com/watch?v=ehDAP1OQ9Zw&feature=player_embedded

C'è un commento in italiano in:

http://www.corriere.it/scienze_e_tecnologie/11_novembre_11/jobs-applicazioni-giovani-burchia_4b711f3e-0c56-11e1-bdbd-5a54de000101.shtml

Vi chiedo gentilmente se volete inviarmi per email le risposte (paiclaudio@hotmail.com) o consegnarmi il prossimo lunedì in aula. Grazie!

4- Condivideremo in aula il lavoro personale fatto (prima ora).

4- Lunedì 28. Presentazione del lavoro fato da Claudio sull'Educomunicazione (seconda ora).


A presto....Claudio

viernes, 11 de noviembre de 2011

Educomunicar en y desde la Escuela para la participación social


P. Claudio Arévalos Coronel
                                    http://paiclaudiosdb.blogspot.com/

Educar “en”, “desde” y “para” la comunicación en perspectiva global, radicado en el ambiente educativo escolar , inserto y comprometido en el territorio local.

La Educomunicación “en”, “desde” y “para” el ambiente educativo escolar se trata de una nueva propuesta pedagógica, educativa/comunicativa/sociopolítica, que asume total y enteramente la dimensión relacional, cultural e histórica de la persona humana. Su estructura dialógica, intersubjetiva y relacional hace que la comunicación (interpersonal, mediata y virtual) sea considerada como elemento esencial del proceso de construcción personal, del conocimiento y de la experiencia de la convivencia social, inserta y radicada en la realidad comunitaria local, pero siempre en apertura a las dinámicas y problemáticas del entorno sociocultural global.[1]


Formación de nuevos sujetos sociales

La formación del nuevo sujeto social (ciudadano proactivo glocal) se presenta como la prioridad formativa emergente, no basta, “instruir” estudiantes o alfabetizar a, con y para el uso de las nuevas tecnologías, sino a nuestro criterio y convicción, urge la necesidad de educomunicar ciudadanos con profunda sensibilidad sociopolítica, con espíritu crítico y con un set de valores y convicciones éticas, que les permitan a nuestros partners (nuestros alumnos), y a todos los miembros de la Comunidad Educativa, ir al “encuentro” del otro para reconocer sus necesidades y sus carencias existenciales inmediatas. Estamos convencidos que la Escuela, como institución o agencia de socialización, debe necesariamente “remediarse”, es decir, insertarse, integrarse, dejarse interpelar por el ecosistema comunicativo y cultural contemporáneo, por las nuevas formas de socialización mediática y, sobre todo, por las nuevas exigencias de sentidos de los jóvenes de la nueva generación: los digital natives.

Para que la escuela pueda ejercer su misión, en el nuevo contexto socio cultural, de formar ciudadanos y no sólo estudiantes, responder a las exigencias existenciales de la nueva generación, sintonizar con el estilo comunicativo e interpretar las nuevas formas de representación juvenil, debe irrenunciablemente proyectar sus intervenciones educomunicativas “desde” tres paradigmas hermenéuticas o mediaciones culturales, para interpretar la realidad, suscitar la implicación, la activa participación y la responsabilidad de todos los agentes educomunicativos en el proceso de su formación.


Emergencia de una reforma comunicativa

La Educomunicación Escolar, como nuevo discurso pedagógico, pretende llevar adelante, no sólo la reforma educativa (teorías, curricolo, contenidos), sino sobre todo, una “reforma comunicativa”, es decir, la renovación de la «organización social de la escuela, la forma de aprender y las relaciones de la escuela con la comunidad […]. Del clima y la organización interior de los centros escolares, prestar atención a la vida social, dejar participar a los alumnos e implicarlos profundamente en las actividades que realizan, para conseguir que lleguen a convertirse en individuos autónomos»,[2] asumiendo como prioridad el cuidado de la vida relacional, contextual y la participación en el “lugar” de la experiencia educomunicativa.


Educar en la comunicación

La persona humana es un ser eminentemente relacional, se caracteriza por las categorías existenciales del encuentro, la apertura, la acogida y el reconocimiento recíproco. Estos elementos constituyentes del ser humano nos orienta a fijar nuestra atención e intervención pedagógica sobre la dimensión afectiva, emocional y sentimental del proceso de construcción del significado, de la realidad y del conocimiento, ya que vivimos en una época y en una cultura altamente tecnificada pero humana y relacionalmente debilitada. El añorado “nuevo humanismo” no vendrá sólo de la mano de una mayor tecnificación y del fortalecimiento de la competencia mediática-digital en la escuela, sino que ésta, irrenunciablemente tendrá pleno sentido desde la experiencia de la convivencia social, distinguida y expresada en la calidad y calidez de las relaciones humanas atentas a las necesidades del otro.[3]


Educar desde la comunicación

En la experiencia educomunicativa no basta el cuidado de la dimensión emotiva-relacional ya que la persona es un ser esencialmente situado en una realidad histórica y cultural concreta, en este sentido, «la comunicación es una cultura, un modo de existir, un ambiente de vida, un contexto existencial al interno del cual vivimos y nos movemos».[4] Esta forma de comprender la comunicación humana debe imprescindiblemente ser considerada en la interacción interpersonal e intergeneracional. El contexto o el lugar de radicación de la intervención formativa es un elemento crucial para la Escuela, ya que precisamente ésta, como agencia de socialización, debe analizar los problemas sociales y culturales de la comunidad para que pueda responder significativa y eficientemente a la emergencia de su entorno. Una institución educativa impermeable a las realidades de su contexto dice poco (o mucho) de su misión humanizadora.


Educar para la comunicación

La Escuela educomunica ciudadanos “para” que éstos puedan participar en la comunidad, “para” que sean agentes generadores de cambios de la estructura social, “para” que sean protagonistas de una sociedad cada vez más incluyente, con oportunidades de integración y de afirmación de una mejor condición de vida para todos. En el ejercicio de la comunicación participativa los agentes del proceso educomunicativo ponen en práctica el consenso, la negociación, la autoexpresión, el uso de la palabra generadora y libre. Además, en la comunicación participativa se exige, la intervención activa en el proceso de construcción social, la implicación en los espacios de decisión y el compartir las tareas en las actividades comunes. Finalmente, se educa para la comunicación para formar parte de una comunidad, para sentirse parte de un grupo humano, para tomar parte en las actividades y para tener parte en las responsabilidades y las decisiones institucionales.[5]  


Para la reflexión personal y grupal

1-    En éste año académico, que estamos culminando ¿Te has empeñado a formar y acompañar ciudadanos/as, desde tu clase o asignatura, o te has reducido a ser un mero transmisor de contenidos o informaciones, tal vez, vacios de sentidos y significados?

2-    ¿De qué manera ha estado presente las realidades o problemáticas concretas del país en el proceso de aprendizaje y de interacción con tus partners en el aula o en la convivencia social dentro y fuera de la institución educativa?

3-    Nuestra forma de gestión de la comunicación humana, en el ambiente educativo escolar, ¿Suscita el deseo y la posibilidad de, formar parte, sentirse parte, tomar parte y tener parte en la Comunidad Educativa Escolar?


[1] Cfr. Premoli S. (2008), Pedagogie per un mondo globale. Culture, panorami dell’educazione, prospettive, Torino, EGA, pp. 188-190.
[2] Cfr. Delval J. (2006), Hacia una escuela ciudadana, Madrid, Morata, pp. 11-12.
[3] Cfr. Cheli E. (2005), Relazioni in armonia. Sviluppare l’intelligenza emotiva e le abilità comunicative per stare meglio con gli altri e con se stessi. Teorie, tecniche, esercizi, testimonianze (2ª Ed.), Milano, FrancoAngeli, p. 18.
[4] Cangià C. (2011), I media nella formazione dei consacrati, in J. M. Alday (Ed.), Nuovi media e vita consacrata, Milano, Àncora, p. 131.
[5] Cfr. Bisquerra R. (2008), Educación para la ciudadanía y convivencia. El enfoque de la educación emocional, Madrid, Wolters Kluwer, pp. 76-77.

martes, 1 de noviembre de 2011

Insieme nel cammino verso la nostra santificazione. Seguendo le orme di Don Bosco


Nel anno 1855, Domenico Savio (sei mese dopo di essere arrivato al Oratorio di Valdocco), sentì parlare D. Bosco sulla facilità di diventare santo in questi termini:

-        è volontà di Dio che tutti siamo santi,
-       è facile raggiungerlo, e
-       per quelli che si decidono diventare santi…nel cielo è preparato un gran dono.[1]

Domenico Savio dopo di sentire questa allocuzione fu preso da un profondo desiderio di incominciare un percorso di santificazione e tutto il suo cuore fu infiammato di Amore di Dio: “sento un grande desiderio e necessità di diventare santo”. 



Santità: è rimanere fedeli a Dio

Celebriamo oggi a tutti Santi, quelli che sono stati riconosciuti magisterialmente e quelli che non godono di questo “privilegio”. (e che forze sono molto di più di quel primo gruppo). I Santi sono quelli che in ogni tempo sono stati fedeli a Dio, e di conseguenza hanno marcato positivamente la storia umana con il loro comportamento cristiano sulle orme del Cristo risorto.

La festa di tutti Santi ci ricorda, per un verso, la nostra meta finale, e da un altro, il comune progetto di Dio per ciascuno di noi: vivere la perfezione evangelica nella carità. Nel libro del Levitico troviamo l’invito universale: “Siate santi, perché io il Signore vostro Dio sono Santo” (Lv. 19, 2).


Santità: è la vocazione universale dei battezzati

Nel documento della Lumen Gentium,[2] quando si parla sulla santità nella chiesa, si sottolinea con forza che la santità è la vocazione universale di tutti i battezzati: prescindendo dal suo stato vocazionale specifico, ogni cristiano perché rivestito del battesimo «sono chiamati alla pienezza della vita cristiana e alla perfezione della carità» (LG. N° 40)…e molti di più per noi consacrati, sacerdoti e religiosi.

Tanto nella prima lettura come nel vangelo ci troviamo con la rappresentazione biblica di questa chiamata universale:

San Giovanni apostolo nel libro dell’Apocalisse ci racconta che quelli che furono segnati con il sigillo  erano “una moltitudine immensa” (centoquarantaquattromila).

Anche nel vangelo, Matteo ricorre ad un’immagine per rappresentare la schiera di persone che cercano essere fedeli a Dio Padre portando una vita coerente all’insegnamento di Gesù: “Gesù vedendo le folle” salì sul monte e da quel posto egli ha offerto un programma di santità: le beatitudini.

La base e il fondamento di questo programma di santità troviamo nella lettera di San Giovanni: “quale grande amore ci ha dato il Padre per essere chiamati figli di Dio”.


Punti fermi per un percorso di santificazione

  1. La santità diventa per noi meta finale de la nostra vita, a partire da un progetto comune: vivere e condividere il vangelo nella vita quotidiana.
  2. A questo impegno tutti siamo chiamati a metterci in questo percorso di perfezione di vita evangelica e di carità.
  3. I santi sono tutti quelli fedeli a Dio e che hanno marcato positivamente la storia con la loro testimonianza di vita umana e cristiana.
  4. La santità è un percorso personale e comunitario che si materializza in un programma di vita concreto.
  5. L’essenziale in questo percorso di santità è l’esperienza di amore tra Dio e noi, e di conseguenza, esperienza di amore tra noi…per vivere ed esprimere la figliolanza divina nella fraternità.


Santità: percorso personale e comunitario (tutti, moltitudine, folle)

La santità è un percorso personale e anche comunitario che si materializza in un programma di vita concreto, che secondo San Paolo implica: «sentimenti di misericordia, di bontà, di umiltà, di dolcezza e di pazienza» (Col. 3, 12).

Nella spiritualità salesiana questo programma si esprime nella: eucaristia e riconciliazione, nella preghiera e azione per e con gli altri, nell’equilibrio nella relazione affettiva ed emozionale, e nella serenità e allegria nella convivenza fraterna.

Don Pietro BROCARDO, nel suo libro Don Bosco, profondamente uomo, profondamente santo, sostiene che nostro fondatore esprimeva la sua santità personale nella sua umanità, cioè, Don Bosco, per la sua grande umanità  è sensibilità per i problemi giovanile è stato riconosciuto come un santo straordinario e originale[3].

Il articolo 2 della nostra costituzioni ci ricorda che «nel compimento della missione troviamo il camino della nostra santificazione». […] Di quale missione ci parla la Costituzione? Proprio quella che sottolinea non il fare ma il «essere nella chiesa segni e portatori dell’amore di Dio ai giovani, specialmente ai più poveri».[4] Ma…per essere “segni e portatori” siamo chiamati a vivere e accogliere l’amore di Dio nella nostra vita personale e comunitaria. Sentirci profondamente amati da Dio è una condizione fondamentale per incominciare un percorso di santificazione. Possiamo allora vivere la santità salesiana come una esperienza comunitaria di amore a Dio nei giovani più bisognosi[5] (Domenica XXX tempo ordinario).

Le costituzioni parla di un «cammino di santificazione» e cioè, è un processo che implica un percorso di crescita vissuto assieme agli altri. La comunità è una dimensione, ma è anche il “luogo” dove esprimere e testimoniare la santità salesiana.

Dunque…non possiamo essere santi, secondo la mentalità di Don Bosco, senza una esperienza di amore e condivisione con i giovani, a partire e sostenuto, da una ricca esperienza di fraternità nella comunità.

Sia lodato Gesù Cristo…


[1] Cfr. Bosco J. (1878), Biografia de Santo Domingo Savio, en Canal J.-A. Martinez (1995), San Juan Bosco. Obras fundamentales, Madrid, BAC, pp. 155-156.
[2] Cf. Vaticano II. Lumen Gentium, Cap. V. Vocazione universale alla santità nella chiesa. «Nella chiesa tutti quindi tutti siamo chiamati alla santità…» (LG. N° 39).
[3] Cfr. Brocardo P. (2001), Don Bosco. Profundamente hombre, profundamente santo, Madrid, CCS.
[4] Cfr. Const. Salesiana N° 2.
[5] Cfr. Mt. 22, 37-39: «Amerai il Signore Dio con tutto il cuore, con tutta la tua anima e con tutta la tua mente» […]. (e) Amerai il prossimo tuo come te stesso». Non possiamo amare Dio “nel” prossimo se non ci amiamo noi stessi. Siamo chiamati ad amare Dio “nel” prossimo. L’altro diventa una mediazione irrinunciabile nella esperienza di relazione con Dio.