viernes, 23 de septiembre de 2011

Nuevas ciudadanías desde el ejercicio y la praxis de la Educomunicación participativa


La tarea de las nuevas generaciones es aprender a [con]vivir no sólo en el amplio mundo de una tecnología cambiante y de un flujo continuo de información, sino ser capaces al mismo tiempo de mantener y refrescar también nuestras identidades locales. El desafío es poder desarrollar un concepto de nosotros mismos como ciudadano del mundo y conservar nuestra identidad local. […] La tarea central es crear un mundo que dé significados a nuestra vidas, a nuestros actos, a nuestras relaciones.[1]


La Educomunicación está empeñada y comprometida no sólo con la formación de “estudiantes” sino fundamentalmente está empeñada por la construcción de un nuevo perfil de ciudadano en vista a una renovada práctica y ejercicio de la ciudadanía (participativa, proactiva, efectiva y responsable). Al hablar de nueva ciudadanía, evidentemente, estamos hablando de la formación de nuevos sujetos sociales y políticos que estén comprometidos doctrinal y conductualmente en y por la construcción de una convivencia humana participativa desde las experiencias sociales compartidas.


¿Nuevas ciudadanías en tiempos de globalización?

Ante todo, debemos saber que las nuevas tecnologías interactivas pueden estar al servicio de una mayor participación ciudadana, pero al mismo tiempo, este instrumento en manos de personas con mentes “viciadas”, puede ser la expresión más renovada del “pensamiento único” o peor aún de un “único pensamiento” que no deja espacio para el diálogo, la confrontación, y el “inter-loquire” (hablar entre), es decir, la tecnología como expresión de un estilo de pensamiento unilateral, esencialmente dictatorial y perverso. Una segunda motivación, para proponer el ejercicio de nuevas ciudadanías en y desde el ambiente escolar, viene precisamente de nuestra preocupación por la «corrosión y la lenta desintegración de la ciudadanía»[2] misma. Existe una aparente y sentida indiferencia hacia lo social, el des-compromiso y la actitud de retirada en las relaciones sociales al interno de la comunidad.

Educomunicar para las nuevas ciudadanías

El ejercicio de un conjunto de nuevas ciudadanías, en tiempos de globalización cultural, pueden ser un importante referente que necesitamos para ir construyendo y vivenciando verdaderas prácticas de Educomunicación, en vista a «crear nuevos tipos de sujetos sociales y políticos para mejorar esa experiencia social compartida»[3] en la construcción del conocimiento, la participación social y la constitución personal. No cabe la menor duda que si nuestra propuesta formativa es de calidad, por ende, podrá promover competencias comunicativas para alcanzar una mayor independencia de juicio, análisis crítico y autónomo, en un contexto de diálogo constructivo en y desde la comunidad. Se educomunica para la nueva ciudadanía para que nuestros alumnos ciudadanos sean capaces de transformar las relaciones sociales que posibilite el arte del «aprender a convivir o vivir juntos»[4], además, para que puedan asumir un rol protagónico en la escuela y la sociedad.


Ciudadanías para aprender a convivir juntos:

Presentamos algunas expresiones de la nueva ciudadanía, que a nuestro criterio resultan emergentes, para “glocalizar” la experiencia formativa y relacional,[5] es decir, la radicación, la participación y el compromiso en el territorio local en apertura a las dinámicas globales. Revalorizando la dimensión local de la experiencia formativa se pretende hacer frente al peligro del desarraigo cultural y el alejamiento de las personas de las dinámicas sociales in-mediatas o directas.

Ciudadanía democrática

Formar ciudadanos democráticos, en el contexto educativo escolar, depende directamente de nuestra forma de relación y de comunicación en el proceso del aprendizaje. La transmisión unidireccional de la información, que realmente no podemos llamar conocimiento, es la expresión más evidente de un modelo comunicativo vertical de tipo top down. La adopción, promoción y el ejercicio de una metodología constructiva, compartida y participativa es la «expresión profunda de la cultura democrática»[6] en la institución educativa.

Ciudadanía social

Las últimas revueltas sociales que se han originados en el escenario político en muchas partes del mundo (Egipto, Londres, Chile) han dejados en clara evidencia la fuerza de convocatoria que poseen las comunicación digital y las redes sociales. Los espacios de encuentro inmaterial ha suscitado una movilización social hasta el punto de desmoronar instituciones y sistemas de gobierno de larga tradición dictatorial. Estos acontecimientos sociales reflejan, por un lado, que la comunicación mediata no diluye la sensibilidad ni la participación social, al contrario la aumenta y la renueva; y por otro lado, demuestra que los medios digitales e interactivos son realmente espacios de encuentro, de expresión y movilización social.

Ciudadanía digital

Las encuestas que se realizan en casi todos los países demuestran un dato que ya no sorprende a nadie: nuestros estudiantes invierten mucho tiempo en la experiencia de socialización online mediante las redes o comunidades sociales (social network). Otro dato evidente es la gran influencia que ejercen las nuevas tecnologías para el cambio y la movilización social. Las grandes manifestaciones y expresiones de protestas en los países convulsionados socio-políticamente se han originados en las redes sociales. Las redes sociales, además de ser medios, son lugares de socialización y del ejercicio activo de la nueva ciudadanía.

Ciudadanía intercultural

Vivimos en un contexto socio-cultural donde la convivencia con la diversidad es una nota dominante y una exigencia fundamental para construir un ambiente rico en humanidad y reconocimiento social. Hoy día, más que nunca, todos estamos llamados a aprender a respetar las diferencias de cualquier tipo. Construir relaciones de reconocimiento, desde la interacción y la comunicación intercultural, es clave para promover espacios compartidos para el encuentro, el consenso y la  negociación cultural.

Ciudadanía ambiental

El deterioro ambiental y ecológico debe suscitar el compromiso de todos por un modelo de desarrollo sostenible que apueste por el decrecimiento de nuestro estilo de consumo y de “explotación” de los recursos naturales. Debemos promover acciones e intervenciones, en todos los ámbitos, que nos lleven a incrementar el cuidado, la protección y la calidad del lugar natural de nuestra convivencia. La institución escolar debe promover todo tipo de intervenciones en su entorno natural. Ésta demostración de interés y compromiso en y por el territorio local es la mejor muestra de radicación de la escuela en su entorno.

Para la reflexión personal y grupal

1-    Al interno de nuestra institución educativa ¿Sobresale la cultura de la imposición y del temor como estrategia para “moldear” la conducta y la mente de nuestros estudiantes?
2-     ¿De qué manera nuestra institución educativa promueve y facilita el uso de las redes sociales para la movilización, la participación social y la radicación en su entorno?
3-    ¿Qué tipo de ciudadanía es la más desafiante para nuestra forma de gestión formativa? ¿Cuáles son las dificultades concretas para su concreción?.


[1] Cfr. Bruner J. (1999), La educación puerta de la cultura, Madrid, Visor, p. 9.
[2] Cfr. Bauman (2008), Individualmente insieme, Regio Emilia Italia, Diabasis, p. 75.
[3] Cfr. Imbernón F. (2002) (Coord.), Cinco ciudadanías para una nueva educación, Barcelona, Graó, p. 6.
[4] Cfr. Delors J. (1997), La educación encierra un tesoro, México, UNESCO, p. 79.
[5] Cfr. Beck U. (2008), ¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo, respuestas a la globalización, Barcelona, Paidós, p. 69. La emergencia de la nueva ciudadanía es debido al fenómeno de la «nueva dimensión transnacional» […], suscitado por el proceso de globalización cultural y sostenido por las nuevas tecnologías, es decir una nueva forma de «vivir y actuar a la vez aquí y allí».
[6] Cfr. Bruner J. (2006), Actos de significado. Más allá de la revolución cognitiva, Madrid, Alianza, p. 47.